"Si en estos momentos los integrantes del crimen organizado no respetan a la sociedad, es consecuencia de que las cabezas son gente joven que considera los supuestos códigos como parte de los viejos. Esta situación genera que ellos no sientan obligación de respetarlos."
En la actualidad han ocurrido atentados en los que han muerto personas inocentes, como sucedió en el país cafetalero en la época de Pablo Escobar
Sinaloa.- El clima de violencia que azota al estado se ha agudizado en lo que va del año. Las explicaciones son diversas: el conflicto interno entre narcotraficantes, la lucha por las plazas entre cárteles, además de una descomposición en el tejido social.
Para algunos, lo que sucedió en el bar El Pirata —donde una persona entró al centro nocturno y disparó, matando a varias personas— es una muestra de ello. En palabras de Félix Brito Rodríguez, académico de la Unidad Académica de Historia de la Universidad Autónoma de Sinaloa, en la entidad se vive la ley del más fuerte.
En ese sentido, en Sinaloa se vive una situación como la que pasó en Colombia en el época de Pablo Escobar, donde los atentados estaban a la orden del día, atentados donde murió mucha gente inocente.
Alberto Nájar, periodista especializado en cobertura de narcotráfico y presidente de la Red Periodistas de a Pie, asegura que las nuevas generaciones de traficantes están rompiendo los viejos códigos del crimen organizado:
"Si en estos momentos los integrantes del crimen organizado no respetan a la sociedad, es consecuencia de que las cabezas son gente joven que considera los supuestos códigos como parte de los viejos. Esta situación genera que ellos no sientan obligación de respetarlos. Esto es muy peligroso para el estado porque quien queda en medio es la población civil, que en su momento pudiera llegar a ser rehén del crimen organizado", señaló Nájar.
El periodista especializado en trata de personas mencionó que los ataques a bares en Cancún, Chihuahua y Culiacán son señales de que el crimen organizado busca marcar su terreno mediante el terror, dando el mensaje a la autoridad de que las reglas no escritas por los viejos quedaron atrás.
Subrayó también que los códigos fueron por mucho tiempo un estrategia del gobierno para mantener en calma a la sociedad; sin embargo, en estos momentos hay una involución en las organizaciones criminales, que están tomando otro rumbo en la guerra.
Complicidad
Alberto Nájar expuso que uno de los puntos importantes para que el crimen se mantenga en una entidad es la participación de la autoridad: "Hay muchas situaciones que provocan que los cárteles de la droga crezcan en determinadas entidades. Para muchos ciudadanos la primera respuesta es señalar que el gobierno está comprado, pero no en todos los casos esto es cierto; sin embargo, ¡claro que hay complicidad de cierto sector de seguridad! Para que esto crezca también entra el miedo a represalias del crimen, que han demostrado tener mucho poder en el país".
Diferencias
Juan Antonio Fernández Velázquez, doctor en Historia y Estudios Regionales del Instituto de Investigaciones Histórico-Sociales de la Universidad Veracruzana, explica que lo que sucede en Colombia es un vínculo directo con el paramilitarismo, sino que tiene sicariato, que es una forma distinta del ejercicio de la violencia por paga: "El paramilitarismo es un ejercicio de control de ciertas regiones específicas de Colombia, como fue en El Magdalena Medio, y en su momento en La Guajira, donde los paramilitares actuaban como coaccionadores de la violencia y de la sociedad, participando activamente con el mismo gobierno".
Ahondó que luego los militares se metieron al comercio de la cocaína y empezaron a establecer a partir del miedo la compra de la droga a la población en las condiciones que ellos querían. En cambio —dijo— en Sinaloa es totalmente distinto. El narcotráfico en Sinaloa tiene que ver con un aspecto regional, pero hay algo que puntualizar: son los clanes familiares.
"El narcotráfico en el estado se genera a partir de la conformación de clanes de familia que van a controlar el mercado de la droga, desde el proceso de iniciar, que es la producción (siembra) —mariguana y amapola— hasta el trasiego y la comercialización en mercados internacionales, como es en Estados Unidos".
En ese sentido, expresó que esas son las bases para entender los orígenes del narcotráfico en Sinaloa: los clanes familiares, que es muy distinto de lo que sucede en Colombia: «En Colombia el mercado de la cocaína llegó a mediados de los años 80, cuando Sinaloa ya se había constituido como uno de los puntos del globo terráqueo más poderosos en cuanto al mercado de droga».
El también experto en narcocultura subrayó que Sinaloa no se «colombializará» porque en Sinaloa el estado tiene una participación activa en el narcotráfico; es decir, el estado y el narcotráfico son uno mismo, son un mismo núcleo organizativo que comprende este aspecto de la economía ilegal de la droga: «No obstante, en Colombia, gobierno y paramilitarismo pueden no participar de manera activa».
Analizó que mientras Colombia se esfuerza por llegar a los Acuerdos de Paz y terminar con los conflictos que existen, a México no le interesa acabar con el narcotráfico «porque terminaríamos con una red impresionante de negocios y de personajes involucrados».
Se rompen los códigos
Fernández Velázquez puntualizó que anteriormente se entendía como una subcultura de la violencia porque el narcotraficante tenía sus propio códigos, sus propias formas de vestir, de actuar y de llevar a cabo sus actividades: "Había reglas dentro de la organización y ciertos códigos de respeto dentro de la organización. No irrumpir en los espacios públicos dentro del ejercicio de la violencia. Sin embargo, hoy no se puede llamar una cultura porque no hay un código específico que ayude a entender la conducta de estos personajes. Ya no es una cultura, sino simplemente una violencia exacerbada", puntualizó.
Enfrentamientos en lugares públicos, cada vez más públicos
Mientras que los enfrentamientos entre grupos del narcotráfico durante los años 70 y 80 se hacían tomando en cuenta reglas y códigos no escritos en donde se respetaban las familias y los inocentes, pues los ataques o ajustes de cuentas no eran en lugares públicos, sino en sitios en donde nadie saliera perjudicado, ahora estos son cruentos, como los que han sucedido en unos meses en México. Uno de esos casos fue en Cancún, en un bar ubicado en Playa del Carmen, donde se registró un enfrentamiento. Lo mismo sucedió la madrugada del 24 de febrero, donde murieron cuatro personas inocentes.



0 comentarios:
Publicar un comentario